Was Jesus a racist?

Gesù e la donna cananea – di Carla D'Agostino Ungaretti – Ricognizioni

Not everyone knows the “shocking” episode in the Gospel of Matthew [15, 21-28], which we are referring to by our provocative title.

“At that time”, says the evangelist, “Jesus moved to the area of ​​Tire and Sidon. And a Canaanite woman, who came from that region, began to cry out: «Have mercy on me, Lord, son of David! My daughter is very tormented by a devil»”.

Do you know what Jesus answered to her? At first, nothing at all.
He didn’t even say a word to her”, explains Matteo.
But that’s not all.

At that point, the disciples, a little annoyed by the screaming woman, try to convince Jesus to listen. And that’s when Jesus rattles off a couple of answers that would stagger Pope Bergoglio.

I was sent to the lost sheep of the house of Israel only“, he replies dryly. And, after the woman continue to insist, he adds: “It is not good to take the children’s bread and throw it to the dogs“.

At this point something happens which, again according to Christian interpretations, marks a turning point.
The woman, in fact, accepts the humiliation and replies: “It’s true, Lord, yet the little dogs eat the crumbs that fall from their masters’ table“.

It is only at that point that Jesus is convinced (“Woman, great is your faith”) to help her and heals his daughter.

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Soberanía, antes de la derecha y de la izquierda

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En el debate político se habla mucho de la soberanía: esto es porque son necesarias algunas puntualizaciones, considerando que sobre el tema hay mucha confusión, incluso en el mismo frente soberanista.

¿QUE ES EL SOBERANISMO?

Para entenderlo, serian necesarios algunos pasajes:

  • comprender cuales son, que piensan y cómo se diferencian entre ellos los partidos y los movimientos que simpatizan o se identifican con esta definición;
  • entender qué características definen un partido de movimiento soberanista según sus detractores;
  • por último, entender si la referencia al término “soberanía” resulta adecuado o si (y en qué medida) se trata de una mistificación o de una derivación ideologizada de la palabra, redefiniendo así más correctamente el concepto del “soberanismo”, depurandolo de las contingencias.

Todo esto permitirá también explicar porqué el “soberanismo” da miedo y si este miedo es justificado o no. De momento, pero, nos limitaremos a explicar basicamente de que estamos hablando.

En primer lugar, hay que subrayar que todo este nuevo debate nace de la suma de la dialéctica derecha/izquierda tradicionalmente dominante a una creciente contraposición entre soberanistas y anti soberanistas/globalistas, que se acentuó progresivamente junto a una visibilidad aumentada (a partir de la Segunda Guerra Mundial) del poder de los organismos de gobierno supranacionales a nivel mundial.

Estos organismos, en el ámbito de la Unión Europea, se añaden a los continentales, uniendo la cuestión globalista al debate sobre el futuro y la naturaleza de lo que nació como Comunidad Europea.

SOBERANISMO NO ES POPULISMO

Esto ya es suficiente para darse cuenta de la diferencia entre soberanismo y populismo, el cual se funda específicamente sobre la oposición pueblo-élite.
De hecho, no parece necesario que el soberanismo reclame esta contraposición, considerando que la soberanía no es de derecha ni de izquierda y las precede. Sin embargo, ambos términos han terminado uniéndose ya que las élites parecen estar completamente alineadas con el frente globalista.

SOBERANISMO NO ES DERECHA

Por la misma razón, no se da por hecho que el soberanismo sea de derecha (y por ello existe un soberanismo de izquierda), aunque en el frente soberanista se encuentra sobretodo la derecha.
El resultado es la paradoja por la que la misma izquierda institucional se haya encontrado junto a las élites en el frente globalista, abandonando así su papel (hipotético) de defensor del pueblo y, específicamente de las clases obreras.

SOBERANISMO NO ES RACISMO, NO ES AISLACIONISMO, NO ES CLERICALISMO: ES INDEPENDENTISMO

Esto explica porque la defensa de la soberanía pueda y tenga que preceder, en lugar de sustituir, las ideologías políticas de derecha y de izquierda, considerando que por soberanismo se entiende la oposición al plan de englobamiento de las comunidades nacionales al interior de un orden unificado (a nivel mundial en su máxima expansión).
De hecho el soberanismo no es fanatismo nacionalista, no es aislacionismo, no es racismo, no es clericalismo ni obligatoriamente populismo. El soberanismo no es otra cosa que la determinación de conservar la independencia de los pueblos (y de los estados nacionales que se consideran expresion de dichos pueblos). Dicho esto, el debate ideológico permanece totalmente abierto.

Emmanuel Raffaele Maraziti

España, nace Hacer Nación: “somos la alternativa social a Vox”

A treinta kilómetros del mar, encaramado en las colinas del interior de la provincia de Alicante, cuatrocientos metros de altitud y la Sierra del Cid enmarcandola desde más de mil metros, Elda cuenta con unos 50.000 habitantes pero, junto a Petrer, con lo que forma una conurbación, los dos centros alcanzan las 90 mil personas.
Es un centro relativamente grande, desarrollado en torno a la industria del calzado, en medio de una de las zonas más secas de la Comunidad Valenciana, rodeado de pueblos mucho más pequeños que remontan desde los conocidos destinos turísticos de la costa hasta una España más “silente”.
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Junto a Málaga, Asturias, la provincia de Madrid y varias ciudades de Andalucía, se ubica justo en Elda uno de los colectivos juveniles protagonistas del nacimiento de un nuevo movimiento, “Hacer Nación”: nacido de la unión de distintas asociaciones locales, la organizacion se propone como una alternativa a la derecha de libre mercado de Vox, no desdeña la idea de presentarse en las próximas elecciones y mira con simpatía al movimiento italiano CasaPound.
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Aprovechando del inicio del curso de formación política, el pasado domingo decidimos encontrarlos, para entender quiénes son y qué piensan.
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Veintitrés años y las ideas muy claras, su coordinador local es Cristian Ruiz: nos recibe sonriente, con una cruz cristiana colgada del cuello y acompañado por su hermano, también militante pero – nos explicará luego – no creyente.
Curiosos, inmediatamente comenzamos con las preguntas.
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Del Solsticio a “Les Fogueres”: Alicante nos recuerda quiénes somos

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Habría sido la edición número 92 de “Les Fogueres de Sant Joan“, pero las medidas de distanciamiento social nos las han robado.
Así que, ayer a medianoche, la tradicional “Palmera” cerró las celebraciones del día de San Juan Bautista y los fuegos artificiales iluminaron, una vez más, el cielo sobre el Castillo de Santa Bárbara de Alicante; pero, para asistir a la mágica “Nit de la Cremà“, deberemos esperar el 2021 – y ya ha empezado la cuenta atrás!

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Ya intenté explicaros el espíritu alicantino (“Alicante, la primera vez que te vi”), pero todo lo que escribí podéis entenderlo solo visitando la ciudad española durante las famosas “Hogueras de San Juan”.

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Echaremos de menos la lentitud de estos dias

La cuarentena no ha sido igual para todos. Las dificultades económicas, las facturas por pagar, no disponer de ingresos, el bloqueo de las empresas, encontrarse en una vivienda en malas condiciones, han sin duda significado, para muchos, un obstáculo obviamente insuperable.
Afortunado, entonces, quien ha podido experimentar la mejor parte de este aislamiento forzado.
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Porque el otro lado de esta cuarentena ha sido, para muchos, poder por fin apreciar el valor de lo que se tiene, el valor de lo que a veces nos parece poco e insuficiente, de las cosas esenciales: tener a nuestro lado a quien nos quiere, comida en la mesa, la posibilidad de hacer frente a las necesidades cotidianas, la libertad y otros “tesoros” a menudo menospreciados.
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No es de extrañar que, en la dificultad, lo esencial recobre su importancia.
En las situaciones difíciles causadas por “factores externos” – como en una guerra, el compartir la misma trinchera con otros camaradas – hacen por lo general que las personas sean más solidarias. Saber que tu vecino también tiene tus mismas dificultades y el mismo enemigo te ayuda a sentirlo más cerca, nos ayuda a sentirnos más iguales, porque por un momento, la competitividad social da paso a la comunidad.
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Por otro lado, la inhibición del consumo, en una limitación hacia lo indispensable, nos ha nivelado, ha hecho que todos seamos más parecidos, debilitando la ostentación de la riqueza y las diferencias: la felicidad individual, nos guste o no, es siempre relativa y el bienestar relativo no justifica el descontento con las profundas desigualdades sociales.
El viejo dicho “era mejor cuando era peor”, en realidad, no refleja nada más que ese sentimiento de comunidad perdida con la sociedad del bienestar.
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De la misma manera hemos asì redescubierto el valor del vecindario, de las relaciones familiares, de los amigos más cercanos.
Hemos redescubierto el valor de divertirse con poco, sin tener que aturdirse con música y alcohol.
Hemos redescubierto el valor de charlar con un amigo, una llamada telefónica, una película familiar, saludarnos desde los balcones, tiempo para preparar la cena en compañía y luego sentarnos en la mesa todos juntos, de jugar con los niños.
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Y, quién ha podido permitírselo, ha descubierto el placer de la lentitud, de un ritmo más humano, libre de la rutina y de la ansiedad de los horarios que, como adictos a la velocidad, muchos habíamos dejado de apreciar. Hemos descubierto el placer de no estar totalmente absorbidos por el trabajo, por miles de compromisos, volver a dedicarnos a nosotros mismos y, como para encontrar una libertad perdida, nos lanzamos de cabeza al cuidado de nuestro cuerpo, nuestra cocina, nuestro intelecto.
Hemos redescubierto el valor del ocio, la reflexión, la lectura, el pensamiento, el aprendizaje de cosas nuevas, la observación de lo que sucede a nuestro alrededor, de la concentración.
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Diría que nadie, ni siquiera aquellos que juran ser asociales en el mundo, ha apreciado la soledad.
Somos animales sociales, nos necesitamos los unos a los otros, psicológica y físicamente.
Todos hemos entendido que vivir la cuarentena solo era o habría sido una prueba difícil, por lo que nos recordó que no necesitamos mil extraños para ser felices, pero que el estrecho círculo de personas que está auténticamente cerca de nosotros es vital.
Nos ha hecho notar cuanto el consumismo está salpicado de cosas innecesarias y superfluas y que de todo esto está construido nuestro sistema de producción. Pero, sin hipocresía, también nos hizo apreciar las pequeñas comodidades que nos brindaba la sociedad del bienestar: la capacidad de hablar remotamente con amigos y familiares, de vernos, de intercambiar ideas, de poder pedir o leer un libro en Internet.
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Por lo tanto, cada uno de nosotros habrá tenido la oportunidad de pensar en lo esencial y, quizás, repensar nuestro enfoque de la vida diaria, pero también nuestras metas y sueños.
Así que, no dejemos que el regreso a la rutina nos robe todo esto, no dejemos que los frutos de lo que hemos aprendido se pudran.
No nos rindamos a la primacía de la eficiencia, recuperemos nuestra dimensión humana y transformemosla en nuevos propósitos para la sociedad.
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Una sociedad que da espacio a la vida, que viaja a ritmos humanos y no a ritmos de ordenador, sin perseguir ganancias sobre ganancias, cosas sobre cosas, velocidad por velocidad. Sin retornos moralistas al pasado, pero con saltos imaginativos hacia el futuro, para una nueva síntesis entre sobriedad y crecimiento, entre calidad y bienestar, entre el hombre y las nuevas tecnologías.
Lo que algunos llaman feliz decrecimiento, esperando un futuro diferente del futuro robótico, hipercontrolado, hipereficiente, deshumanizado y francamente aterrador que parece estar esperándonos.
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Emmanuel Raffaele Maraziti