“Joker”, obra maestra visionaria que nos lleva al abismo [TRAILER]

Es una película alucinante el nuevo “Joker” de Todd Philips. La definieron “una obra maestra” y, sin duda, lo es. Nihilista, sin héroes y sin esperanza.
Un “Joker” inédito y un Phoenix de Oscar, con una teatralidad que, entre lo absurdo y lo surrealista, te trastorna y te obliga a mirar hacia el abismo.

La explosión del “Joker” es la de una bomba de relojería que nadie puede detener.
Le enseñaron que toca sonreír, le explicaron cuán bella y perfecta era toda la gente con traje y corbata; le pintaron un mundo de buenos pero los buenos seguían pateándolo en la cara. Y su sonrisa forzada, su sonrisa enferma, le aparece como una tragedia y una condena, hasta que deja de sonreír y convierte su sonrisa en una mueca, su mueca en juicio. Juicio final. Sin sentido, loco.
Obligado a sonreír ante la tragedia, convierte la tragedia en una comedia.
Y su risa se convierte en una sonrisa de sangre. Implacable.

Hay un alma enterrada bajo metros y metros de tierra y saliva.
Hay un alma enterrada bajo kilos y kilos de rabia.
Hay un alma que no quiere martirio sino venganza.
Hay un alma que sabe que no puede ganar y decide cabalgar la derrota.

Igualmente no quedan muchos otros puestos vacantes: bello y bueno o enjaulado en el papel del malo.
A la multitud no les importan los personajes secundarios.
Somos lo que hacemos, es cierto, pero para el resto solo somos lo que hacemos mientras nos observan, mientras actuamos, mientras hacemos nuestra aparición. Detrás de la escena, en el vestuario, lo que hacemos ya no cuenta para nada.

Podría parecer “justificacionista” la película de Philips.
Esta podría ser la crítica pendiente: somos en lo que la sociedad nos ha convertido y, si somos malos, es básicamente culpa de los demás, parece querer decir el director por medio de su personaje. Excepto que no hay empatía ni solidaridad: la absurda e impredecible peligrosidad el Joker da miedo. Su arrebato de ira ante una vida de frustración no es más que rabia ciega. La justicia no es lo que busca. Es la renuncia a la existencia misma de la justicia. Es una rendición a los ganadores que lo relegan a la insensatez.
No da rabia porque perdió.

Entonces no, no somos aquello en lo que la sociedad nos ha convertido. Ni siquiera somos lo que se supone deberíamos ser ontológicamente y apriorísticamente. Somos simplemente el resultado de los golpes y de las caricias recibidas en un cuerpo y en un alma única e irrepetible.
Somos lo que queda de nuestro espíritu después de haber enfrentado las debilidades de nuestro cuerpo y las trampas de nuestra mente, puestos a prueba por las circunstancias, a veces favorables y otras veces mucho menos favorables, del mundo.

Emmanuel Raffaele Maraziti
Traduzione: Paula Gallego

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